DIOR ES CRUDO Y NATURAL: LA COLECCIÓN RTW OTOÑO/INVIERNO 2026-27

Kevin Gorian
DIOR ES CRUDO Y NATURAL: LA COLECCIÓN RTW OTOÑO/INVIERNO 2026-27

Imágenes JONATHAN ANDERSON via Instagram

Para Hemingway, París era una fiesta. Para Jonathan Anderson, un espectáculo del día a día. Hoy, en la segunda jornada de la Semana de la Moda de París, el recién estrenado director creativo de Dior llevó a su público al Jardín de las Tullerías para enfrascarse en un microcosmos de naturaleza y estilo.

Para la colección Otoño/Invierno 2026-27 de Dior, Anderson tomó como inspiración principal el jardín que Catalina de Médici mandó a hacer en el corazón de París. La nueva entrega de la firma francesa es (no hay otra manera de describirlo) un deleitante paseo por el parque en el que la cotidianidad enmarca la belleza de lo irreal, de una fluidez casi mágica que encandiló la mirada de los presentes con cada paso de las modelos.

Entre nenúfares y esculturas, Dior y Anderson crearon un retrato en movimiento de la vida parisina y, como lo explica la misma marca, del importante papel que la moda tiene en ella. Del primer al último look, hubo una presencia orgánica en cada pieza; desde las formas ondulantes y libres hasta los estampados florales, la naturaleza jugó un papel crucial en la concepción de esta temporada; podemos ver referencias directas a nenúfares, sus interiores y otras plantas nativas de París.

«Esta colección trata sobre el flujo constante de ideas, tan típico de la vida parisina, y el espectáculo del día a día», Jonathan Anderson.

Como cabía esperar de un director creativo que nos ha demostrado, en diversas marcas y pasarelas, su amor por la artesanía, esta colección de Dior contó con un invitado especial: el ceramista Kazunori Hamana. Su obra, por lo tanto, también constituye una parte fundamental del proceso de creación de Anderson y algunas de sus formas y texturas, así como los colores propios de sus creaciones, se pueden apreciar en faldas, vestidos y chaquetas como la icónica Bar, ahora más reducida y fluida. 

Entre flecos, plumas y olanes, Jonathan consiguió crear ropa que parece flotar en torno al cuerpo, capullos protectores de volúmenes de ensueño que elevan a el ready-to-wear de Dior a los escalafones de la alta costura, adaptada para el día a día. Las prendas parecen hechas para ser tocadas, para disfrutar de las diversas texturas complementarias y contrastantes que las componen. En esta entrega, la fuerza e imperfección de la arcilla se encontró con la calma del agua, y los looks que vimos sobre la pasarela fue el resultado de una danza de ideas. 

Con esta colección, entre accesorios y ropa, Jonathan Anderson reafirma su lenguaje en Dior, uno que deja que el ADN propio de la marca respire al mismo tiempo que se entrelaza con la personalidad y los ideales propios del británico. Sin duda, estamos ante el mejor Dior que hemos visto en muchos años, uno cohesivo, coherente y prometedor.