VISITAS AL MAURICE: EL JOVEN QUE SEDUJO LA IMAGINACIÓN DE DALÍ
Kevin Gorian
Salvador Dalí siempre será recordado como un genio excéntrico; era, de cierto modo poético, un astro con una gravedad que atraía a toda clase de individuos. En especial, jóvenes promesas que constituyeron el “entorno Dalí”: asistentes, protegidos y musas. Pequeñas lunas que orbitaban a su alrededor.
De entre estos cuerpos celestes, hubo un joven que destacó (para bien y para mal), una promesa de la escritura y la fotografía que fue retratado junto a Salvador por Alécio de Andrade en una suite del Hôtel Le Meurice en París. Hablo de François-Marie Banier, quien, muchos años después, se vería atrapado en el Affaire Bettencourt. Pero, ya llegaremos a ello.
François nació el 27 de junio de 1947 en la capital francesa. Desde joven, mostró gran interés por el arte. También actor y hombre de la sociedad del hexágono, el primer encuentro de Banier con el emperador del surrealismo se llevó a cabo cuando él tenía tan solo 16 años. De acuerdo con lo narrado por el prodigioso muchacho, Dalí envió su automóvil privado para llevarlo al centro de su universo, la ya mencionada suite del Maurice. Fuentes históricas afirman que, más o menos una vez al año, y durante tres largas décadas, el español pasaba un mes en ese espacio, reuniéndose con sus más allegados y con talentos que parecían tener un futuro brillante (hoy en día, la habitación todavía conserva algunos muebles que el mismo Dalí llevó para hacerla mucho más cómoda y a su gusto).
François afirma que su primer encuentro con Salvador los llevó a dialogar sobre arte, como cabía esperar. Esta relación fue creciendo poco a poco y llegó al punto en el que Banier consideró al pintor como su “padre surrealista” y su “mentor”, a pesar de que el joven no expresaba un gusto de origen por el arte de Dalí. En realidad, lo que encontraba fascinante del marqués de Dalí de Púbol era su conversación y el mundo en el que ambos podían sumergirse cuando se encontraban. Así lo dijo él, sin darle más vueltas: “Nunca me gustó su arte, pero amaba sus charlas”.
La relación entre François y Dalí no llegó a trascender las barreras sociales. Es decir, no hay un registro histórico de que colaboraran en alguna pieza, ni que compartieran espacio en alguna galería. En realidad, ambos fueron presa de un patrón común de los años 60 y 70: la construcción de lazos entre jóvenes promesas y figuras consagradas que culminaban en fascinación mutua y mentorías informales; era, a grandes rasgos, una manera que tenían los iniciados en el arte de abrirse las puertas de la sociedad artística, recibir orientación y reconocimiento vinculante.
El mismo Banier afirma que sus encuentros con Salvador Dalí se extendieron por diez años, tiempo en el que escribió su primera novela (a los 22) y en el que se convirtió en un reconocido fotógrafo de celebridades. A pesar de haber nacido en la clase media, este tiempo permitió que François se vinculase con el lujo, mecenazgos y también la fama.
Como cabe esperar de un “hijo artístico de Dalí”, la historia de Banier no termina allí. Tiempo después de sus andanzas con el pintor español (en 1987, para ser exactos), François conoció a Liliane Bettencourt, la mujer más rica de Europa, y se convirtió en su confidente y compañía constante, obteniendo de ella obras de arte, seguros de vida, dinero, propiedades y muchos más presentes valorados en miles de millones de euros. Este otro vínculo importante en la vida de Banier lo llevó a ser acusado, en 2015, de “abus de faiblesse” (abuso de debilidad), ser condenado a 3 años en la cárcel y pagar una multa de 350.000 €. Al final, François fue absuelto de algunos cargos en 2020, escondiéndose de la vida pública para poder decir que ha tenido una vida más que interesante.